jueves, 11 de agosto de 2011
Trabe*
Hoy me encuentro en el bordillo de una gran carretera que da a un sólo sentido. Veo pasar muchos coches, todos son muy diferentes. Ya sea por el color o por la marca, ninguno se parece a otro pero... a pesar de sus diferencias tienen algo en común; su destino. Todos van hacia un mismo lugar, todos tendrán que frenar en un semáforo en rojo, todos tendrán que parar a poner gasolina, todos se pararán en un stop, todos y cada uno de ellos hacen las mismas cosas pero a su manera. La verdad es que no tengo ni idea de lo que intento decir con esto, pero este caso de los coches se me parece a la vida. Porque... a lo largo de nuestra vida conoceremos a muchísimas personas. Cada una de ellas distintas claro está. Unas nos aportarán cosas buenas y otras pues no tanto... pero todos nos aportan algo. Dicen que cada persona es un mundo y a mí hoy me ha dado por pensar que cada persona es un coche. Es decir, todos nosotros iremos hacia el mismo sitio, todos frenamos en alguna ocasión cuando vemos que se nos va de las manos, todos paramos... no a echar gasolina, obviamente, pero sí a recapacitar, a pensar, a soñar o simplemente a dormir. Los coches necesitan cuatro ruedas para apoyarse y seguir adelante. Nosotros, las personas, necesitamos a seres humanos que cuando caigamos... no digo que nos levanten, pero sí que nos tienda la mano almenos para seguir. Los coches necesitan un motor para que furulen. Nosotros, para furular, también necesitamos un motor que, en este caso, sería el corazón. Bueno, pues no sé que trabe me ha dado para pensar esto pero... ahora que lo pienso... los coches necesitan a humanos que los conduzcan, ¿no? :)
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