A menudo nos rayamos pensando en quiénes seguirán con nosotros, quiénes nos darán la puñalada, cuánto tiempo durará esa amistad, el número de personas que ya se han ido, el otro tanto que se irá... Y esque, a nadie le gusta oír ese adiós, a nadie le apetece recordar el pasado y, con ello, esas amistades que nos han fallado. Pero lo que más duele es esa coraza. Esa estúpida coraza que nos ponemos pensando que así no nos harán daño. Y nos equivocamos, por supuesto que lo hacemos. No nos damos cuenta de que lo único que hacemos es engañarnos a nosotros mismos. No nos damos cuenta de que lo único que hacemos es... evitar lo inevitable: que hayan más colores aparte del rosa :)