martes, 2 de agosto de 2011
Noches que te dan por pensar*
Me encuentro rara. Estoy en un séptimo piso y los pies me cuelgan de la barandilla del edificio. Desde aquí puedo observar las miles de luces de los coches. También veo a la gente minúscula paseando de aquí para allá sin parar, cosa que me llama la atención pues es de madrugada. Un suave viento hace que de un escalofrío y un delicioso olor, en cambio, me hace respirar profundo. Es como si me fuera familiar. La verdad es que no tengo idea de dónde lo habré olido, pero me gusta. No hago más que escuchar un ´´tic-toc`` desesperante, cada vez más fuerte, así que no evito el mirar a mi reloj. Me sorprendo, parece que llevo unas buenas horas aquí arriba y yo sin darme cuenta... Bueno, ahora que me fijo cada vez son más escasas las luces de los coches y hay muchísima menos gente. Es como si los hubiera arrasado una gran ola a todos y no haya llegado hasta mí, ni a salpicarme siquiera. La verdad es que ahora, al estar todo más tranquilo y silencioso, puedo oir claramente mi canción favorita, allá, a lo lejos. Pienso y, sinceramente, no sé qué motivo me ha echo llegar hasta aquí ni qué pretendo con esto. Sólo sé que al recordar que no voy a ninguna parte, es cuando me acelero.
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